REFLEXIONANDO SOBRE LA SOLEDAD
CUENTO DE LA ABUELA.
Sentada en un sillón, sin apenas
moverse, mira entre las cortinas lo que ocurre en el jardín,
vinieron los hijos a visitarnos
piensa...
Seguramente los nietos corren detrás de las gallinas.
Uno se
monta sobre el perro, descomunalmente grande ,que lo vio
nacer y
que se doblega a todos sus gustos, sin enseñarle los
dientes.
El otro se esfuerza por subir a las matas y
arrancarle las naranjas que están maduras como un sol.
-
Vinieron los hijos -repite alegremente mientras se levanta para ir al
patio
trasero a buscar al Abuelo
-
Viejo...le grita desde la cocina – ven ¡llegaron los muchachos!
Y el
Viejo se apresura a levantarse y viene limpiándose en un trapo, sus manos llenas de grasa.
-¡Justo a
tiempo dice, acabo de terminar el motorcito del carrito para
Pancho!
-Y con
una sonrisa feliz, le pasa amorosamente el brazo sobre los
hombros
de la Abuela y juntos van hacia la puerta a recibir a los hijos.
¡Entran ¡un vendaval de alegría! las risas se
esparcen por doquier, los muchachos entran a abrazar y
besar a los Abuelos, hacía tanto tiempo que no se veían. Desde que
Juan fue trasladado a Ciudad Bolívar, no se volvieron a ver!
Besos y
abrazos. ¿Cómo están? ¿Cómo les fue? ¿Qué hay de
nuevo?
¿Se quedaran muchos días?
- Oh no tanto como queríamos.
Los días se transformaron, ya el cielo no
es el mismo, la luna luce más brillante, como jamás fue vista por los Viejos,
hasta esta noche
-¿Te
fijaste vieja, que las rosas están más hermosas que nunca
- ¡Sí...
todo el jardín está perfumado con las flores!
- ¿Te
fijaste, vieja que esta noche el cielo está tan claro y estrellado, como jamás lo vimos?
- Sí
¡hacía mucho tiempo que el cielo no estaba tan lindo!
Cuánta
alegría hubo en esa casa durante unos días
¡Cómo se
escaparon quejas, enfermedades, años. ¡Sí... hasta los años volaron aligerando sus pasos!
De vez en cuando el Abuelo, al sentarse, se
sobaba las rodillas o la Abuela
contenía un quejidito del dolor de sus músculos.
¡Los niños reían. ¡Que risa cantarina, que
risa tan dulce que todo alumbraba
con sus cascabeles!
¡Hasta el perro corría feliz, sin saber con
quién jugar!
A las gallinas no le parecía igual de feliz
el día ya que en su
gallinero
debían esconderse para poder “ cumplir
con su deber y poner un huevito “.
- Abuela ¿me das esa flor? ¿Abuela me cuentas un
cuento?
- ¿Abuelo
me ayudas a subir al coche? ¿Abuelo me inflas los
cauchos
de la bicicleta?
Pero...llegó el día de la
Partida.
- ¡Viejo,
el día amaneció triste, está gris, como si fuera a llover!
- Sí...
me preocupa que los muchachos vayan por la carretera
Con ese tiempo, la llovizna pone los caminos muy peligrosos.
- ¡Adiós Papá! ¡Adiós Mamá!
¡Volveremos
pronto, te llamaré por teléfono para que
sepas que llegamos bien!
! Adiós
Abuelos, Bendición correaron los nietos!
- Dios me
los bendiga a todos, cuídense.
Contestan los viejos y se abrazan
mientras el coche se pierde por el camino.
- ¡Otra
vez solos... a esperar, a vivir!
- No los
podemos retener, ellos tienen su vida, su mundo, su futuro.
- Lo sé,
así es la vida. Gracias a Dios que son muy felices.
- Y
nosotros también, al verlos a ellos Felices, tenemos nuestra
Felicidad.
Una vez
más fue engañado, por breves momentos,
El castigo de la
Humanidad LA SOLEDAD


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