LOS CUENTOS
DE LA ABUELA.
EL DOLOR DEL
RECUERDO
Nietita de mi
Alma, que te pasa que estás en ese rincón solita,
¡Espero
no estés llorando!
-¡Nada
Abuelita, no me pasa nada! La abuela contesta:
-Por
Nada, No se llora.
-Es verdad
Abuela, no sé qué me pasa, no tengo motivos, pero siento ganas de
llorar.
-¿Sientes
tristeza en el Alma? –preguntó comprensiva la Abuela
-Si
Abuela, siento algo aquí en el pecho y
sin motivos lloro , sin poderlo
evitar y sabes ¡ jamás sentí que las
lágrimas dolieran tanto ni que fueran
tan calientes! siento como si en mis
mejillas se abrieran surcos con
el ardor del llanto.
-Ven
acá. No necesitas decirme que no tienes nada. ¡Ya lo sé! , hay momentos en que se acumulan las tristezas
en el Alma: atesoramos dentro de nosotros ratitos de disgustos, pequeños dolores por
cosas que pasan, almacenamos dentro tiempos idos, personas alejadas y entonces así de improviso, como si un vaso se
desbordara, con una pequeña gotita sin importancia, se comienza a derramar de una sola vez, toda la pena que se almacena
en el Alma.
-Abuela ¡Tú no lloras! Siempre te veo alegre y serena. ¿Cómo haces
Tú para que no se te ahogue el Alma?
-No
creas mi Vida. No creas Tú que en
las Abuelas el llanto se ausenta y que
los años resecan el Alma. Al contrario, tenemos a flor de piel el sentimiento y
las emociones. A flor de piel la
sensibilidad a los dolores, con el correr
de los años se arruga el rostro, las manos, pero no el Alma. Hay algo muy importante que no debes olvidar.
El
Recuerdo duele, no importa si fue alegre
o fue triste. No importa si en ese recuerdo vivimos mucha felicidad o momentos
amargos. Recuerda Nietita mía que es así
¡el recuerdo siempre duele!
-No
te entiendo ¿Cómo pueden doler igual
momentos de tristeza y los de felicidad?
-Veras
¡Es el Tiempo! ¡El Tiempo se aleja y no
regresa más! Lo que se vivió ya no nos
puede doler, el dolor pasó. ¡Lo que nos alegró, también paso! Y la Alegría y el
Dolor, quedaron ahí en el Baúl de los Recuerdos. Pero el Tiempo, hija, pasa y jamás volverá. Y a mi edad, ya es difícil ser feliz o
triste. ¡Sencillamente aprendemos a
vivir con intensidad! ¡La primera semilla
que como mujer germinamos es el Amor! Y
ese Amor con los años perdura; en Ti en Mí
y en todo ser humano, Si aprendemos a alimentar el Amor hacia cada
uno de los que nos rodea, hacia cada cosa que hacemos, que tocamos, que
vivimos, seremos Alegres y Serenos. Cuando recordamos y vemos que nuestras
manos están vacías de logros, que los caminos
recorridos no nos llevaron a ninguna parte. Que todo lo que aprendimos en la
escuela no nos sirvió para vivir mejor, que
vinimos en soledad y nos alejaremos del mundo en la misma soledad; cuando pensamos así el corazón se encoge
lleno de tristezas y el Dolor y las Lágrimas, en ese momento (como ahora te
ocurre a ti) los sentimos ardientes y
nos queman al correr por el rostro, nos parece que la vida es triste y nada nos
interesa.
Pero sabes, querida Niña, hay que aprender a
levantar los ojos hacia lo alto y mirar un cielo estrellado, una luna luminosa,
o buscar los ojitos y la sonrisa de un niño, contemplar la belleza de una puesta de Sol. O mirar, simplemente, los ojitos de mi querida Nieta, anegados en llanto,
para dar Gracias a Dios. ¡Al milagro de habernos hechos seres humanos! Por caer una y mil veces en el dolor y en la
Alegría y siempre tener fuerzas para levantarnos más comprensivos, mas humanos. Gracias a Dios, fortalecidos, aún en el
Dolor.
Así querida Nieta, no llores, seca tus lágrimas
que estás creciendo, ese llanto es el aprendizaje del Alma. Con los años se arrugará el cuerpo, pero
jamás perderá frescura con el Alma todo lo adornamos y vivimos con AMOR.
“MAÑANA VOLVERÁ A BRILLAR EL SOL.”