REFLEXIÓN.
Cuando el pensamiento, en la soledad, se desboca acelerado,
tratando de escapar
de Ese Problema que creía ya olvidado,
la furia del destino se ensaña contra el Alma, y perdiendo ya la calma,
con herejía me atrevo a reclamar:
- - - Dios ¿Dónde estás? ¿Qué hice para merecer tu furia, tu indolencia?
¿Por qué, de mí, escondes tu Presencia?
Y desde lo oculto de mi Ser, en un destello de Luz,
tu figura se agigante y me respondes:
- Nunca te sientas Olvidado, Mi corazón, aunque sollozante,
te guarda en un rincón de mi SER,
DONDE POR SIEMPRE, SERAS AMADO.

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